Pausadamente

El pasado 11 de abril recibí una carta de aceptación para hacer un doctorado en ciencia política en Rice University. Desde entonces, todo se ha movido a otro paso y, sin querer queriendo o relación directa alguna, el efecto se extendió al podcast. Las cosas se van moviendo lento pero seguro. En junio, un viaje a la Ciudad de México augura unas interesantes conversaciones de martes —iré viendo como progresa esto—. Una vez instalado en Houston, Texas, seguiré buscando invitados para así continuar la serie de charlas que hasta este momento he disfrutado y de las cuáles me he beneficiado. Antes de estrenar el primer episodio el 21 de febrero, estaba consciente de lo difícil que sería publicar un nuevo episodio cada semana. La parte más importante y atractiva —al menos para mí— del podcast es asimismo la parte más complicada de asegurar: un nuevo invitado cada siete días. Y ni se diga que las cosas se ven más nubladas cuando uno se desarrolla...
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Entretenidamente

Por Enrique Quezada El comentario político es para mí una forma pura de entretenimiento. Más allá de proveerme de información y opiniones variadas, la comentocracia y sus programas me entretienen casi tanto como Netflix. Y no es que los comentaristas sean chistosos, la política mexicana ya es chusca por si misma. Esto es también aparte de la comedia política al estilo El Pulso de la República. Así como me gusta Stephen Colbert, me entretienen de igual manera las conversaciones que David Axelrod hace para su podcast The Axe Files. Los medios estadunidenses están repletos de comentario político: desde los insufribles como Sean Hannity y, en menor medida, Bill O'Reilly, hasta Rachel Maddow con sus contextos históricos y los pundits de Morning Joe. Todos ellos pretenden llevar a cabo un debate serio —si lo logran o no ya es otro tema—. No se qué tanto sea la preocupación o la ocupación de estos comentaristas de discutir temas torales de la política, pero si con su permiso me puedo proyectar,...
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Lejanamente

Por Enrique Quezada A los 18 años llegué a Lincoln, Nebraska, para empezar mis estudios universitarios. Casi cinco años después, y con título bajo el brazo, sigo aquí mismo. Mentiría si dijera que no me he acostumbrado a varias cosas del estilo de vida gringo —por lo que algunos me tachan de malinchista, en broma y en serio—, pero el hecho de ser mexicano lo tengo presente a toda hora. Lejanamente fue que viví la elección presidencial del 2012. Mi hermano me contó como no pudo votar por falta de boletas en el precinto a donde fue. Pasé la noche viendo el conteo rápido y, unos meses después cuando tenía que escribir un artículo para una clase, plasmé mi frustración en un documento de Microsoft Word. Terminé escribiendo mi investigación de primer año acerca de los factores que pudieran explicar el regreso del PRI a la presidencia. ¿Qué estaba estudiando? Música, clarinete. Lejanamente escuché de Ayotzinapa, de la verdad histórica, del "ya me...
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Auditivamente

Por Enrique Quezada ¿Cómo es que se puede acortar la distancia que existe entre el ciudadano común, que se siente alejado de la vida política, y los actores cuyas vidas giran alrededor de ella? Más allá, personajes de la sociedad civil también enfrentan esta indiferencia, y en veces hasta enemistad, con nosotros los de a pie —que si quieren hueso o que una vez que entren van a ser igualitos a los demás. ¿Qué se puede hacer entonces? Mi respuesta es: la verdad no sé. Pero este podcast representa una idea que puedo implementar para poner mi granito de arena. ¿Cómo? Con todo y nuestras divisiones, las conversaciones no son tan tóxicas como lo han sido aquí en Estados Unidos el último año. Existe, pues, una oportunidad para dialogar. Y eso es lo que busca Independientemente: traer una plática de unos 50 minutos donde conozcamos a gente que con buenas o malas intenciones, con preparación o sin preparación, en la administración pública o la...
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Inicialmente

A pesar del sentimiento de separación entre la ciudadanía y la clase política que dominó la campaña electoral en los Estados Unidos el año pasado —primariamente resultante de los problemas económicos y la desaparición de ciertas industrias—, he visto una apertura por parte de los actores políticos en este país de contar con orgullo sus historias de vida. Las historias de superación son el estandarte del sueño americano. En México, la separación –y en muchos casos enemistad— entre el ciudadano y el político parece, por el contrario, ser una tradición de antaño que muchos preferimos respetar. ¿Qué tanto sabemos de nuestros diputados y senadores? Más allá de sus estudios —dudosos en casos—, ¿qué conocemos de un Peña Nieto, un Calderón, un Noroña, o incluso un AMLO? Tradición, costumbre o ninguna de las dos, no importa. Independientemente es mi manera de buscar conocer a aquellas personas —en gobierno o no— que tienen un impacto en nuestras comunidades. Quitando ciertas restricciones de tiempo y...
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